A ella no le importa

A los hombres les preocupa el tamaño del pene. Como si a las mujeres nos importara tanto.

Se miran y se miden el paquete para creerse más hombres si tienen la weá más abultada, y como la mayor parte del tiempo no cuentan con qué compararse, viven castrados porque en el subconsciente tienen modelos ideales.

Conocí a un hombre que lo tenía de tamaño mediano y grueso. Calzaba perfecto. Fue una relación de un par de días brutales, pues tenía erecciones a cada rato. Inolvidable. Animal. Inconfundible. Nunca encontré algo parecido en el camino. Otro lo tenía grande y más delgado, era muy sensual y dispuesto. Siempre estuvo listo para la jugada maestra que fue dejarme sin aliento de tanto fornicar.

Pero no todos los encuentros tienen los resultados esperados. Una mujer cercana fue incitada por un ejecutivo de un banco hasta que la llevó a su departamento. Él era guapo, atlético, lindo rostro y demases. Pero en la cama un desastre. Nunca se logró erectar la primera vez que estuvieron juntos, y la segunda vez tuvo una eyaculación precoz. Fatal intento de tener sexo de calidad o al menos tenerlo. La tercera invitación no prosperó, ya que ella quedó jodida con la idea de no haber sido capaz de levantarle al ánimo al fulano.

Al fin a algunas mujeres no nos importa ni el tamaño, ni el color, ni la cantidad de erecciones semanales. Hay todo un cuento con los encuentros íntimos que abarcan la sensualidad, la capacidad de sorprender, la posibilidad de ser animal un rato, la preocupación por despertar el deseo en el otro a través de llamadas o mensajes calentones, o el acuerdo de hacerlo en otros lugares que no sean una cama.

Mi última experiencia fue totalmente osada. En un cerro, el más emblemático de Arica. Con falda y sin calzón me fui con mi amante al Morro a hacer patria. Fue un símbolo más que una juerga maratónica y eso lo teníamos claro. Subimos a la parte iluminada donde está la estatua y luego exploramos una zona de menos luz para darnos el momento que deseábamos. Alcanzamos justo. Aparecieron unos milicos de guardia a varios metros de distancia y nos hicimos lo locos para desaparecer de una vez.

La adrenalina también es parte del juego, más todos los componentes que inventemos para tener un momento de placer sin importar si lo tienen grande o chico, grueso o delgado.