Como sabemos la crisis económica mundial sigue provocando secuelas y las predicciones sobre las futuras consecuencias unen a economistas, tarotistas y mentalistas.
Lo cierto es que la crisis en Europa arroja como consecuencia un total de 9,2 desempleados lo que suma alrededor de 15 millones de europeos parados, un nivel récord en casi una década, que refleja la gravedad del aprieto económico y su impacto en la industria y los consumidores.
El desempleo afecta a España con una tasa de 18,1%, seguida de Letonia con 17,4% y Lituania con 16,8%. En Alemania, la mayor economía del bloque, el paro aumentó al 7,7 por ciento y en Francia, la segunda economía, ascendió al 8,9 por ciento.
Razón tienen los europeos para estar preocupados. Sin embargo hoy, el sentimiento general de los europeos no es negativo. Y esto es lo que deseamos dar cuenta y llamar la atención.
En efecto la reacción general no es negativa por el efecto de la influencia de la “conspiración del optimismo” fenómeno originado por los economistas y medios ingleses que hoy es asumido por toda Europa y que simplemente contempla la concertación colectiva de los europeos para enfrentar unidos y con optimismo expreso, la crisis por la cual se atraviesa.
Lo relevante es que dicha “conspiración del optimismo” efectivamente ha incidido en el mercado de tal forma que las predicciones de noticias nefastas de Moody’s, que predice resultados que dejan congelado al más tibio, sean digeridos y amortizados en el mercado.
Esto es un hecho notable. De la “conspiración del optimismo” hablan todos en Europa y es un nuevo índice no considerado en la incidencia económica.
Hablando de esta “conspiración del optimismo” con una amiga ariqueña, confesábamos que podría ser algo que fuera impulsado por los distintos grupos y bandadas locales, algo así como un acuerdo transversal para poner el énfasis en las cosas positivas y dejar de hacerlo en las negativas.
Pero ¿qué será más fuerte? ¿La cultura del perro y el gato o un intento de unidad? ¿La dignidad de hablar y buscar lo mejor para la ciudad o la opresión del estómago que inhibe la libertad para terminar aplaudiendo a quien otorga un determinado trabajo? ¿El pesimismo que se ha apoderado de la región como pandemia más poderosa que la fiebre porcina o una visión optimista que creemos posee la mayoría de la gente?
Estamos hablando de hacer un giro en la mentalidad cultural que altere y potencie nuestras energías diversas.
En estos días en que cantaremos más de una vez “que nuestro lema es de Paz y nuestro grito Libertad”, bien vale la pena sabe, si usted está dispuesto (a) a conspirar culturalmente por el optimismo.


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