No sé de donde a uno de mis colegas se le ocurrió la descabellada idea de publicar vía facebook una serie de cuentos relacionados con los juegos de azar. Le puso un tono melodramático, no tanto como el pelmazo de Enríquez Ominami, pero bueno, el asunto es que presa de la necesidad de figuración que todos deberíamos confesar para estar en paz con el universo, le dije que contara un par de historias mías que él bien conoce. No accedió. En cambio me dijo que las escribiera yo. Y más encima, le dio con la aun más descabellada idea de formar una cadena (?!!).
Puta, y no es por hacerle caso al hueón, pero sucedió más o menos así: me dirigí una tarde de lunes o de sábado a uno de estos tristes lugares donde especialmente el C2 y el C3 compran por una o dos lucas un cartón de la ilusión, como les llamaría alguien realmente cursi o derechamente fleto.
Le decía a mi amada que me acompañaba ese día, que no le encontraba mucho sentido a eso de tener números fijos. O sea, típico que hay gente que juega los cartones con fechas de nacimiento, cumpleaños, etc, etc. Mi postura sin importancia es que es muy difícil que justo coincidan los números ganadores con la lista de fechas de nuestro calendario personal. Otro clásico: “justo ganaron mis números un día que no jugué”. Ja.
Bueno, al contrario entonces que el guatón de Lost, que jugó con unos números que le escuchó a un loco durante su estadía en un manicomio (vean la serie, ya van a empezar a hacer la 5ta temporada), nos pusimos a elegir uno por uno los números totalmente al azar. Cuento corto, ese día se tiraba un pozo histórico (yaaa) de más de 3 mil millones, era medianoche y por el sitio web de esta empresa me enteré que había sacado 5 de los 6 números que, de haberles achuntado, me habría hecho acreedor del gran “gordo” (creo que ya no le dicen así). Lo freak fue que, contradiciéndome con lo que dije al principio, uno de los números que jugamos tenía que ver con una fecha en especial. Y fue justo ese el que no coincidió con la tómbola. Eso comprueba mi teoría, como diría un tonto botado a inteligente.
Igual bien, ganamos como 300 lucas y nos fuimos un fin de semana a Tacna. Compramos hartas películas y comí harto picante de ese de mondongo pe. Yo no más porque a la Fran no le gusta.
La otra anécdota digna de contar sucedió algunos meses después. Recibí el llamado, era hora de almuerzo, de parte del gerente de un banco X. Me decía que me había ganado una pantalla LCD y me empezó a preguntar hueás. Como todo cristiano informado, supuse que se trataba de aquellas estafas telefónicas. Le dije un par de garabatos al hasta ese momento falso gerente y corté. Luego me vino una angustia extraña que sólo pude contener revisando las llamadas entrantes en mi celular y comprobando que efectivamente me habían llamado del banco en cuestión.
Como entre la multitud destaco por mi caballerosidad e indulgencia, tomé nuevamente el teléfono para comunicarme con el ejecutivo que iba aumentando su credibilidad a medida que transcurrían minutos. Le expliqué la situación, el porqué de mi reacción airada y desmedida, incluso, junto con pedir las disculpas correspondientes, le llegué a decir algo así como que podría haber sido mucho más odioso debido a la gran proliferación de ese tipo de estafas (conozco a un tipo que se hizo acreedor del título de Faraón de los Hueones luego que gastara casi 800 lucas en tarjetas telefónicas por un premio que obviamente no le llegó).
No escuché su respuesta –la del gerente- y le dije que me hablara del premio: “Bueno, por comprar con su tarjeta redbanc el día tanto en el supermercado tanto, usted ganó un LCD de 40 pulgadas. Estuvimos buscándolo todo este tiempo, en su antiguo trabajo nos dieron su número…”.
*Siguiendo la saga “Juegos de Azar I y II”.



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Síguelos comment rss o Deja un TrackbackQué ganas de llegar a ser faraón… dicen que voy bien encaminado.
Todo a su tiempo hijo. Todo a su tiempo.
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