Por lo general decimos: Voy a ir al psicólogo porque estoy un poco confundido, o para ver qué puedo hacer con este problema, o porque necesito ayuda y no puedo soportar más esto etc.

Pero es precisamente esos pensamientos diversos que van y vienen los que nos tienen de cabeza, sin poder pensar individualmente, bueno, tal vez deberíamos decir: ¡Vamos a ir al psicólogo, o a un terapeuta que nos ayude!.

Para explicar más esto, veamos lo que nos dice el Maestro Samael Aun Weor, quien parece tener bien clara la película con respecto a lo que ocurre con la psiquis humana.

Quiero recalcar este tema del Maestro Samael como antesala para un tema que voy a tratar que es acerca del tema de la vejez, un tema que vengo escribiendo ya desde hace poco y quiero colocarlo como broche final.

El Yo psicológico:

Esta cuestión del mí mismo, lo que yo soy, eso que piensa, siente y actúa, es algo que debemos auto-explorar para conocer profundamente.

Existen por doquier muy linda teorías que atraen y fascinan; pero de nada serviría todo eso si no nos conociésemos a sí mismos.

Es fascinante estudiar astronomía o distraerse un poco leyendo obras serias, sin embargo resulta irónico convertirse en un erudito y no saber nada sobre sí mismo, sobre el yo soy, sobre la humana persona que poseemos.

Cada cual es muy libre de pensar lo que quiera y la razón subjetiva del animal intelectual equivocadamente llamado hombre da para todo, lo mismo puede hacer de una pulga un caballo que de un caballo una pulga; son muchos los intelectuales que viven jugando con el racionalismo ¿y después de todo qué?.

Ser erudito no significa ser sabio: Los ignorantes ilustrados abundan como la mala hierba y no solamente no saben si no que además ni siquiera saben que no saben.

Entiéndase por ignorantes ilustrados los sabiondos que creen que saben y ni siquiera se conocen a sí mismos.

Podríamos teorizar hermosamente sobre el yo de la psicología, más no es eso precisamente lo que interesa en este capítulo.

Necesitamos conocernos a sí mismos por vía directa sin el proceso deprimente de la opción.

En modo alguno sería esto posible si no nos auto-observamos en acción de instante en instante, de momento en momento.

No se trata de vernos a través de alguna teoría o de una simple especulación intelectiva.

Vernos directamente tal cual somos es lo interesante, sólo así podemos llegar al conocimiento verdadero de sí mismos.

Aunque parezca increíble nosotros estamos equivocados con respecto a sí mismos.

Muchas cosas que creemos no tener, tenemos, que creemos tener, no tenemos.

Nos hemos formado falsos conceptos sobre sí mismos y debemos hacer un inventario para saber qué nos sobra y qué nos falta.

Suponemos que tenemos tales o cuales cualidades que en realidad no tenemos y muchas virtudes que poseemos ciertamente las ignoramos.

Somos gente dormida, inconsciente, y eso es lo grave. Desafortunadamente pensamos de sí mismos lo mejor y ni siquiera sospechamos que estamos dormidos.

Las Sagradas Escrituras insisten en la necesidad de despertar, más no explican el sistema para lograr ese despertar.

Lo peor del caso es que son muchos los que han leído Las Sagradas Escrituras y ni siquiera entienden que están dormidos.

Todo el mundo cree que se conoce a sí mismo y ni remotamente sospechan que existe la doctrina de los muchos.

Realmente el yo psicológico de cada cual es múltiple, deviene siempre como muchos.

Con esto queremos decir que tenemos muchos yo y no uno solo como suponen siempre los ignorantes ilustrados.

Negar la doctrina de los muchos es hacerse tonto a sí mismo, sería el colmo de los colmos ignorar las contradicciones intimas que cada uno de nosotros posee.

Voy a leer un periódico, dice el yo del intelecto, al diablo con tal lectura, exclama el yo del movimiento, prefiero ir a dar un paseo en bicicleta. Que paseo ni que nada, grita un tercero en discordia, prefiero comer, tengo hambre.

Si nos pudiésemos ver en un espejo de cuerpo entero, cual somos, descubriríamos por sí mismos en forma directa la doctrina de los muchos.

La humana personalidad es tan sólo una marioneta controlada por hilos invisibles.

El yo que hoy jura amor eterno a una mujer es más tarde desplazado por otro yo que nada tiene que ver con el juramento; entonces el sujeto se enamora de otra y el castillo de naipes se va a suelo.

El animal intelectual equivocadamente llamado es como una casa llena de gente.

No existe orden ni concordancia alguna entre los múltiples yo, todos ellos riñen entre sí y se disputan la supremacía. Cuando alguno de ellos consigue el control de los centros capitales de la máquina orgánica, se siente el único, el amo empero al fin es derrocarlo.

Considerando las cosas desde este punto de vista, llegamos a la conclusión lógica de que el mamífero intelectual no tiene verdadero sentido de individualidad moral.

Incuestionable lo que la máquina diga o haga en un momento dado, depende exclusivamente del tipo del yo que en esos instantes la controle.

Dicen que Jesús de Nazareth sacó del cuerpo de María Magdalena siete demonios, siente yo, viva personificación de los siete pecados capitales.

Obviamente cada uno de estos yo capitales es demonio de legión, por ende debemos sentar como colorario que el Cristo íntimo pudo expulsar el cuerpo de la Magdalena millares de yo.

Reflexionando todas estas cosas podemos decir claramente que lo único digno que nosotros poseemos en nuestro interior es la ESENCIA, desafortunandamente la misma se encuentra enfrascada entre todos esos múltiples yo de la psicología revolucionaria.

Es lamentable que la esencia se procede siempre en virtud de su propio embotellamiento.

Incuestionablemente la esencia  o conciencia, que es lo mismo, duerme profundamente.

Ahora como ya se ha explicado claramente lo que son los yo psicológicos puedo pasar a la segunda parte de este artículo, “la Vejez”.

Los primeros 40 años de vida, nos dan el libro, los treinta siguientes el comentario.

A los 20 años una persona es un pavo real, a los 30 un león, a los 40 un camello, a los50 una serpiente, a los 60 un perro, a los 70, un mono, y a los 80, solamente una voz y una sombra.

El tiempo revela todas las cosas: es un charlatán muy interesante que habla por sí mismo aún cando no se le esté preguntando nada.

No hay nada hecho por la mano del hombre que tarde o temprano el tiempo no destruya.

El tiempo que huye no puede ser reparado.

El tiempo saca a la luz pública todo lo que ahora oculto y encubre y esconde todo lo que en este momento brilla con esplendor.

La vejez es como el amor, no puede ser ocultada aun cuando se disfrace con los ropajes de la juventud.

La vejez abate el orgullo de los hombres y los humilla, pero una cosa es ser humilde y otra caer humillado.

Cuando la muerte se aproxima los viejos decepcionados de la vida encuentran que la vejez no es ya una carga.

Todos los hombres abrigan la esperanza de vivir larga vida y llegar a viejos, sin embargo las vejez los asusta.

La vejez comienza a los 56 años y se procesa luego en períodos septenarios que nos conducen hacia la decrepitud y a la muerte.

La tragedia más grande de los viejos estribas, no en el hecho mismo de ser viejos si no en la tontería de no reconocer que lo son en la estupidez de creerse jóvenes como si la vejez fuera un delito.

Lo mejor que tiene la vejez es que se encuentra uno muy cerca de la meta.

El yo psicológico, el mí mismo, el ego, no mejora con los años y la experiencia; se complica, se vuelve más difícil, más trabajoso, por eso dice el dicho: “GENIO Y FIGURA HASTA LA SEPULTURA”.

El yo  psicológico de los viejos difíciles se autoconsuela dando bellos consejos debido a su incapacidad para dar feos ejemplos.-

Los viejos saben muy bien que la vejez es un tirano muy temible que les prohíbe bajo pena de muerte, gozar de los placeres de la loca juventud y prefieren consolarse a sí mismos dando bellos consejos.

El Yo oculta a el yo, el yo esconde una parte de sí mismo y todo se rotula con bellas frases y bellos consejos.

Una parte de mi mismo esconde a otra parte de mí mismo. El yo oculta lo que no le conviene.

Está completamente demostrado por la observación y la experiencia que cuando los vicios nos abandonan, nos agrada pensar que fuimos nosotros los que los abandonamos.

El corazón del animal intelectual no se vuelve mejor con los años, si no peor, siempre se torna de piedra y si en la juventud fuimos codiciosos, embusteros, iracundos, en la vejez lo seremos mucho más.

Los viejos viven en el pasado, los viejos son el resultado de muchos ayeres, los ancianos ignoran totalmente el momento en que vivimos, los viejos son memoria acumulada.

La única forma de llegar a la ancianidad perfecta es disolviendo el Yo Psicológico. Cuando aprendemos a  eliminar el yo, de momento en momento, llegamos a la sublime ancianidad.

La vejez tiene un gran sentido de sosiego y libertad para aquellos que disolvieron el yo.

Cuando las pasiones han  muerto en forma radical, total y definitiva, queda uno libre no de un amo, si no de muchos amos.

Es muy difícil encontrar en la vida ancianos inocentes que ya no poseen ni siquiera el residuo del Yo, esa clase de ancianos son infinitamente felices y viven de instante en instante.

El hombre encanecido en la SABIDURÍA. El anciano en el saber, el señor del amor, se convierte de hecho en el faro de luz que guía sabiamente la corriente de los innumerables siglos.

En el mundo han existido y existen actualmente algunos ancianos maestros que no tienen siquiera los últimos residuos del Yo. Son tan exóticos y divinos como la flor de loto.

El venerable anciano maestro que ha disuelto el yo pluralizado en forma radical y definitiva es la perfecta expresión de la perfecta sabiduría, del amor divino y del sublime poder.

El anciano maestro que ya no tiene el yo, es de hecho la plena manifestación del ser divinal.

Esos ancianos sublimes han iluminado el mundo desde los antiguos tiempos, recordemos a Buddha, Moisés, Hermes, Ramakrishana, Daniel, el santo Lama, etc.

Los maestros de escuelas, colegios y universidades, las maestras y padres de familia, deben enseñar a las nuevas generaciones a respetar y venerar a estos ancianos que demuestran y entregan el ejemplo del respeto y consideración al prójimo. “Respeta para ser respetado”.

En el padre se halla la sabiduría, en la madre el amor, en los hijos la palabra y el conocimiento.

Conclusión: Si bien es cierto algunas personas que ahora son de la tercera edad comenten abuso y humillan a los jòvenes que son hasta sus parientes e incluso piensan que porque tienen suficiente edad pueden faltar el respeto y exigir sin embargo consideración y respeto, son sin dudas excepciones a la regla general, pero lo que se desea es que si no se aprende con el ejemplo, las cosas sólo hay que dejarlas a la divinidad, no somos nosotros quienes debemos si quiera poner nuestra atención en ellos, pero sí la vida y la justicia divina.