Continuando con mi artículo anterior, debo recalcar que es importante no ser cobardes al punto de hacer sufrir a un anciano…

Es un ser humano débil, cansado, abatido, muchas veces enfermos y angustiados por el remordimiento y el arrepentimiento. Ante un cuadro tal, el llamado es a perdonar.

No diría a la reconciliación, pero es un momento oportuno para la limpieza del alma. Limpieza que más tarde, hará que el luto sea menos doloroso, porque nos libra del remordimiento y la culpa. El momento no es para la venganza, sino para la absolución del culpable, para que eliminemos los resentimientos y las amarguras que no nos dejan vivir en paz. Por eso es un momento de tristeza y de oportunidad. Tristeza por lo que pasó. Oportunidad para crecer, para madurar y mostrar una actitud saludable frente al trayecto que tenemos por delante.
Debemos tener en cuenta:

El sufrimiento del anciano tiene varias dimensiones. Comenzando por la que más amenaza su existencia: el físico entra en declinación estructural y funcional. Las enfermedades crónicas se van acumulando con los problemas del corazón, hipertensión, artritis o diabetes.

El aspecto psicomotor se hace más lento y los sentidos captan las cosas con más lentitud. La visión resulta afectada, lo mismo que la audición. A pesar de la declinación física, se cree que el 100% de las personas de más de 65 de edad necesitan cuidado en casa.

En el área de la salud, el anciano es muchas veces descuidado, abusado y hasta violentado, tanto por el equipo médico que lo cuida como por la familia misma.

Las razones son que sus quejas son repetitivas y cansadoras. Repetitivas porque son consideradas típicas de la vejez, con las enfermedades crónicas. Si no hay mejoría, los reclamos continúan. Por lo general se le dice a un anciano que debe estar muy contento por haber vivido mucho. Ahí se produce que el anciano se le crea dos sentimientos de culpa y de rabia, nada agradables. Culpa por el hecho de necesitar tanta ayuda de los otros y rabia por los que fueron ayudados por él y ahora le dan la espalda.

COMO SI FUERA POCO

Si a esto se le suman las pérdidas acumuladas, lo cual es un problema amargo para el anciano en la disminución de sus ingresos que ni siquiera alcanzan para pagar un plan de salud decente. Con la pérdida de la renta, puede venir la necesidad de depender de la ayuda de los hijos o de los parientes, ayuda que viene por buena voluntad. Situación común para quien no planificó un envejecimiento saludable. El anciano sufre sin dinero o con dinero porque si tiene o lo queda algo, hay muchos interesados en recibir su herencia anticipadamente.

Los sufrimientos del anciano son fruto de un proceso acumulativo. No solo tiene que encarar la realidad del deterioro físico, de la mengua de las capacidades mentales, sino también de la pérdida de amigos, pérdida de las personas amadas, cambio de ambiente, decadencia de la casa en que vive, fragilidad, vulnerabilidad por la amenaza de la inseguridad, miedo de salir de noche. El anciano es un blanco fácil de las pandillas, los criminales o los matones del vecindario.

La viudez en una de las pérdidas de la vejez que más desgaste puede producir. La muerte del cónyuge deja muchas secuelas, como quejas físicas generalizadas, pérdida del apetito, insomnio y hasta alucinaciones. Esas quejas pueden durar días y meses después de la muerte del cónyuge. Viene el sentimiento de culpa por lo que no hizo y el remordimiento por haber hecho lo que no debía. Es común la rabia del quien cuidó del fallecido o lo dejó morir. Con la viudez, el hombre sufre más que la mujer.

Con la viudez aparece un nuevo y serio problema, que es el nuevo casamiento. Para la mujer, es más difícil por los prejuicios de la edad y porque hay menos hombres disponibles. Sin embargo, el mayor sufrimiento está en la no aprobación de los hijos.

Desaprobación tanto mayor cuanto más dinero tenga el anciano y mayor sea el desequilibrio económico entre los ancianos que se casan. Algunos hijos llegan al radicalismo de romper las relaciones y a no querer vea al padre o a la madre. No toman en consideración la circunstancia de la soledad, la falta de amigos, las dificultades para relacionarse y la ausencia de un confidente. La soledad de un anciano puede ser profunda y devastadora.

La mejor manera de no abusar, descuidad o abandonar al anciano es prevenir y promover. La mejor manera de no ser abusado, descuidado ni abandonado es prepararse para un envejecimiento honroso.

Eso es prevenir y promover. Prevenir, limitando lo negativo y promoviendo y facilitando lo positivo. En el proceso de limitar lo negativo, es muy importante reconocer que las quejas o los reclamos de pérdidas y las pérdidas reales no están correlacionados con el desempeño de la persona. Además, se sabe que la preocupación por el hecho de que ese desempeño empeore, la creencia de que no pueda hacer nada para prevenir o mejorar la declinación, termina resultando en una serie de sentimientos negativos como el miedo, la ansiedad y la represión.

Esos sentimientos impiden que el anciano se esfuerce por encarar las tareas que exigen raciocinio. Tal actitud es propicia para causar aquello que el anciano más teme: el fracaso, el que dirán los otros y por fin, la propia impotencia. Además, ese estado de miedo, ansiedad y depresión perjudica el pensamiento y la concentración. Es bueno recordar que caminamos en la dirección en la que nuestros pensamientos nos llevan.

Lo más importante no es prevenir: combatir o apartar lo que no nos interesa, sino promover, ocasionar, crear, causar experiencias positivas, pensamientos positivos, tareas positivas. El valor no está en huir de lo que usted no quiere, si no en buscar lo que usted quiere. La recompensa está en hacer el bien y no en huir del mal. Cuando se promueve el bien por la bondad, la compasión, el cuidado y el servicio en favor de otros, aunque la persona sea anciana, el retorno es positivo. Reducir el miedo disminuye la ansiedad y apacigua la rabia. Y, sobretodo, prolonga la vida con salud mental.

Dentro del paradigma de la promoción en vez de la prevención es bueno decir, que no se envejece por edad cronológica si no por el estado negativo del espíritu,  por la disminución del humor y por la actitud pesimista frente a la vida.  Sólo se envejece cuando se pierde el entusiasmo y el interés por la vida. No se puede olvidad que la puesta del sol puede ser tan bonita como la salida del sol.

Se puede considerar las pérdidas pero debemos concentrarnos en las ganancias. Se puede perder la rapidez y la flexibilidad del proceso cognoscitivo y la facilidad psicomotora, pero se gana en claridad de razonamiento, en solución de los problemas y en sabiduría práctica. Una sabiduría que enfrenta las respuestas difíciles, trabajosas y embarazosas. Una sabiduría que ayuda a llegar  a un estilo de vida saludable, honrada, útil y provechosa.

Conclusión:

Envejecer es crecer en reclamos o en sabiduría. Es una elección que se hace “antes de llegar allá”.

En el trato con el anciano, ya para no caer en la negligencia, el abuso o el abandono y llegar a nuestra vejez con dignidad son necesarias algunas actitudes:

a) Determinación: Para no manifestar desprecio
b) Coraje: Para enaltecer
d) Respeto: Para no herir
e) Cuidado: Para no crear situaciones de inferioridad
f) Disposición: Para animar
g) Consideración: Para no castigar, para recompensar
i) Vigilancia: Para no privar
j) Bondad: Para nutrir

Se trata de actitudes positivas y constructivas para con la minoría que depende de nuestro apoyo. De hecho, el anciano es un ser humano semejante a nosotros mismos Un día, si tenemos larga vida, llegaremos allá.

A esta altura es importante recordar la regla de oro: “haced a otros lo que os gusta que hagan con vos (Mateos 7:12) Por lo tanto busquemos el éxito en la bondad y no el abuso.
Hasta aquí nos sorprenden las palabras editas y aportadas en la Revista “Rompiendo el silencio”.

Dejo abierta la invitación para que opinen

Bueno, yo como  acotación puedo decir que mi abuela, jugó mucho conmigo cuando tuvo sus piernas buenas, y podía saltar y correr.

Me enseñaba siempre trucos y a veces hasta era la única que me recibía cuando mi familia no quería nada conmigo.

Quise escribir este artículo porque si bien es cierto el resto de la familia de adultos que están antes que yo, en este mundo no tiene mucho positivo que decir.

Aunque a sus hijos no lo hayan beneficiado mucho, está la segunda oportunidad para dar, y ahora les toca recibir y aquí se revela una gran verdad, es tiempo de perdonar, en su momento puede que el anciano, no fue el mejor de los seres humanos ¿y quién lo es?, la maldad y la bondad la llevamos dentro todos.

Incluso un instructor un día afirmó que todos tenemos los mismos defectos, incluso los homosexuales, que no había que admirarse, entonces de nadie, lo que sucede es que algunos están muy enterrados en nuestro sótano oscuro de la sub-conciencia y los que están encimita y más desarrollados afloran con más continuidad y son más notorios.

Pero también tenemos todas las virtudes, claro enterradas con los defectos y es la tarea, llegar a la vejez  con los defectos eliminados para que en su lugar reine la virtud, la sabiduría, la serenidad y sobretodo la bondad.

En esta edad tan proclive solo se puede esperar amor y consideración, de todas maneras, todos quedaremos indefensos cuando la vida pase la cuenta.

Otra cosa, si algo más positivo debo agregar con respecto a mi abuela, es que aún cuento con ella, y siempre ha sido así. Los nietos siempre han sido la mejor parte de sus vidas.

No importaba lo que dijeran de mí, ella permanecía firme en sus convicciones como en su porfía, y aunque nos peleemos todo el tiempo,  es solo otra forma de pasar el tiempo, como ya no puede correr conmigo, ni enseñarme a saltar. Pero lo que nadie sabe, ni espera es que no importa lo que pase, o lo enojada que estemos con cualquier peleílla, cuando hay tenemos problemas reales, hacemos un paréntesis, y se reafirman los valores, ella dice, “yo la protejo porque es mujer, es una niña no más, y está sola, los otros son hombres y se pueden defender”.Igualmente yo al otro día, es otro día, salió el sol e igual le llevo su desayuno a la cama, y “borrón y cuenta nueva”.

Como toda persona también tiene cosas malas como por ejemplo que es muy porfiada cuando se trata de su salud.

Ella sabe que debe bajar urgente los 30 kilos de sobrepeso, porque además es diabética e hipertensa.

Además es enferma crónica, normal a su edad.
Bueno todos los abuelos deben de ponerse porfiados con su salud, como que no le toman el peso. O no dimensionan las consecuencias.

A veces las personas han tenido un sistema muy desordenado en su vida, y tienen consigo sus bajas pasiones “genio y figura hasta la sepultura”, y si eso no se mejora “antes de que llegue a la vejez”, en vez de desaparecer, va a acrecentarse más.

Debemos lidiar a diario con esos “factores extras”, que en este artículo no se menciona, pero es una realidad que no conviene obviar.

Claro que en su caso, no se tienen muchas oportunidades de “re-comenzar”, pero no está de más no estar ahí cuando estén de malas pulgas, en lugar de eso, esperar que se les pase. Invitarlos a pasear, comer algo rico,  les mostramos la diferencia.

Con mi abuela comentamos buenas películas después de verlas, y si algo no entiende, yo estoy ahí para explicarle, aunque a veces me agoto porque a cada rato “se vuela”.
Bueno, como ya no puede correr como antes, compartimos buenas lecturas y películas entretenidas.