Hoy quiero invitarlos a reflexionar un poco sobre nuestros mayores…

Esos que nos dieron la vida y que dieron su vida para que la nuestra fuera un poco mejor,sobre aquellos que hoy ya están viejos y que como decía un comercial “ya está viejo no sirve”.

Hace no mucho un reportaje nos mostraba como son abandonados en la puerta de emergencias de los hospitales y jamás vuelven a buscarlos. Esas imágenes remecieron a quienes las vieron y el comentario obligado fue: ¿Cómo puede ser? ¿Cómo puede suceder esto en nuestra sociedad?

Es algo más común de lo que pensamos, quizá no tan extremo, pero ¿Cuántos nos damos el tiempo para escucharlos? ¿Cuántos dejamos de hacer algo “importante” para tomarnos un café con ellos y decirles lo importantes que son para nosotros o simplemente compartir un recuerdo?

Por ahí dicen que un pueblo que no aprende de su historia vuelve a cometer los mismos errores y la historia no sólo se aprende en los textos de los grandes historiadores, ellos son parte de la historia la vivieron, son primera fuente.

Marquemos la diferencia y démosles la dignidad que se merecen, esa dignidad por la que lucharon y que tienen más que ganada. A nosotros que nos gusta tanto imitar las costumbres extranjeras acá tenemos una buena para imitar: China, Japón y muchos otros grandes países veneran y respetan  a sus ancianos, pues entienden que en ellos están la experiencia y el futuro. Aunque resulte extraño por el hecho de estar al final de sus días  saben que en el pasado está la base de nuestro futuro.

Los invito entonces a compartir un poco más con nuestros viejos, a incentivar en nuestros hijos el respeto y cariño por aquellos que tanto nos dieron  y que en la mayoría de los casos nos siguen dando, pues por muy mayores que seamos su hombro seguirá estando ahí para cuando los necesitemos y sus brazos estarán siempre listos para abrazarnos y cobijarnos.