La planta desaladora de agua marina para la ciudad de Arica se parece a esas muestras de voluntarismo político al estilo del Gran Salto Adelante en la China de Mao, o los planes de industrialización agrícola en la antigua URSS.

No tiene otra lógica ni sustento que la voluntad de la Presidenta, porque se trata de usar el agua de excelente calidad del acuífero de Azapa para regar la agricultura, una actividad de mínimo aporte al PIB y al empleo regional, mientras que nos entregan agua “desalada” para el consumo humano.

En nuestra ciudad tenemos una planta desaladora que abastastece de agua a parte de la ciudad con niveles de boro cientos de veces superiores al máximo recomendado por la Organización Mundial de la Salud, el problema es que ahora se quiere extender esta solución a toda el agua potable, abasteciendo a la ciudad con agua desalada mientras se dedica el agua potable de primera calidad a regar los cultivos de los valles de Azapa y Lluta.

Es claro que la Presidenta no se tomó el tiempo de mirar las cifras antes de hacer el desafortunado anuncio, la agricultura aporta una parte muy pequeña al producto regional, mínima comparada con el sector comercio, turismo y servicios. Para que hablar del aporte como generador de puestos de trabajo, porque es de dominio público que gran parte de la mano de obra empleada por la agricultura local proviene de temporeros de Perú y Bolivia que trabajan con salarios de subsistencia, al margen de las leyes sociales y tributarias.

La superficie cultivable de los valles de Azapa y Lluta es muy limitada y tiene la competencia de la agricultura de Tacna y el valle de Moquegua, con muchas ventajas comparativas.

¿Que justificación tiene destinar tantos millones de dólares en un sector tan claramente limitado? Más todavía si se piensa que esta inversión encarecerá el costo del agua potable, los subsidios no harán desaparecer el mayor costo ni mucho menos, lo estaremos pagando igual vía impuestos. Un efecto indeseable que hasta ahora nadie ha señalado es que este proyecto podría dañar a el sector que lidera nuestra economía, donde tenemos las ventajas más evidentes: el comercio, turismo y servicios, porque si la calidad del agua desalada es como la que está produciendo hoy la empresa “Desalari” el impacto negativo podría ser muy grave, sin contar con los mayores costos y la posibilidad cierta que un gobierno más racional elimine los subsidios.

A mi modo de ver el proyecto es inútil y no tiene explicación lógica, rentabilidad económica ni social, me parece tan voluntarista como cuando se prometió “banda ancha para todos” y acceso gratis a Internet vía wifi para amplios sectores de la población. La verdad espero que con este proyecto pase lo mismo que con el Internet gratis, ojalá que nunca se concrete y aunque las estadísticas nos favorecen porque sólo uno de cada 50 ofrecimientos de gobierno llegan a concretarse capaz que justo hagan este, que es uno de los peores, Lo malo es que tiene un fuerte lobby por parte de agricultores azapeños, poquitos pero poderosos y para que hablar de la empresa española que aspira a ganarse el proyecto y mira con hambre tan suculento bocado. Money talks dicen a veces, ojalá que esta vez no se cumpla.