Arica de Mañana. Foto de Alejandra Villanueva.

Desde que se desmanteló el polo de desarrollo industrial en Arica, por la oportuna apertura de nuestra economía a mediados de los 70, apareció la siguiente teoría “Arica no pude sobrevivir sin subsidios, no es competitiva en nada y si el gobierno no da subsidios se despoblará tal como un campamento minero abandonado, ese es un peligro para la seguridad del país pues se trata de una ciudad fronteriza.

Por seguridad nacional hay que establecer un sistema de subsidios para evitar el despoblamiento”.

La teoría de que no somos una ciudad competitiva se repite hasta ahora bajo diferentes nombres. El último invento es que la ciudad necesitaría -supuestamente- una política de estado. Pero la realidad ha desmentido esta teoría.

El Gobierno Militar se negó a dar subsidios especiales y después de la debacle industrial han pasado unos 30 años que Arica vive casi sin subsidios. No se ha despoblado, no está entre las ciudades más pobres del país ni entre las de mayor cesantía. La calidad de vida es una de las mejores y la delincuencia tiene los niveles más bajos de Chile ¿cómo se explica esto? Al desaparecer los subsidios nuestra ventaja competitiva apareció sola: somos una ciudad de paso entre grandes atracciones turísticas: Cuzco, Macchu Picchu, Arequipa, Arica, San Pedro de Atacama, Uyuni. La ciudad se llenó de pequeñas residenciales, pequeños restaurants, agencias de turismo de una sola persona, taxis, artesanías, comercio. Arica no se despobló, simplemente se ajustó a la realidad económica.

Por eso se necesita estudiar la competitividad dejando fuera los juicios de valor y los “ingredientes X” geopolíticos, que ni siquiera los militares tomaron en serio en su momento. Con base a la competitividad real, económica hay que armar la estrategia de desarrollo y basados en esa estrategia diseñar y priorizar los proyectos de inversión.

Cuando empezó a funcionar la regionalización en Chile el sistema funcionaba muy bien: se crearon los gobiernos regionales presididos por el Intendente y su gabinete de Seremis, cada año más inversión pública pasó a decidirse localmente en un sistema de proyectos que eran evaluados técnicamente por Serplac, los aprobados pasaban al visto bueno del Consejo Regional, donde el Intendente y los Concejeros aprobaban y priorizaban.

Esa era la teoría y así se hacía en los primeros años. A medida que los operadores políticos se fueron afianzando en los gobiernos regionales, la estrategia de desarrollo y la evaluación técnica de Serplac fueron perdiendo importancia. Al crearse la región de Arica y Parinacota se llamó a licitación para diseñar la estrategia de desarrollo, esta licitación fue ganada por la Universidad de Tarapacá y todavía no entra en operación, así es como la región ha pasado más de un año funcionando sin ninguna estrategia, lo peor es que nadie parece extrañarla.

Es algo que no le importa a nadie, porque la priorización la hacen los consejeros regionales, que a veces usan su facultad con más entusiasmo que conocimientos, así es como resuelven cada año la inversión multimillonaria según su humor o los intereses de los grupos de presión que apoyan cada proyecto ¿para qué necesitan estrategia? Y no solo ocurre en Arica, revisé por casualidad la web del gobierno regional de Tarapacá, nuestros vecinos, para ver su estrategia regional, al hacer click en el link me apareció una página en blanco ¿de qué nos extrañamos? Los militares sabían de la necesidad de una estrategia y como implementarla, para los políticos eso es chino, es como hablar de física cuántica con un niño.